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La vivienda es un derecho que la Ciudad no otorga

Por Sofía Griolli

©Paco Rives Manresaiuda


Los precios de los alquileres en la Ciudad de Buenos Aires aumentaron un 78,31% en el último año.  Según un estudio del Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC) publicado en 2019, hay 138.328 viviendas vacías. Sin embargo, la necesidad habitacional en la Ciudad aumenta, la demanda de alquileres (dada la imposibilidad de pensar en el acceso a la vivienda propia) es cada vez mayor y el derecho a la vivienda a esta altura se encuentra completamente vulnerado. 

Pensar en alquilar en diciembre del 2022 de por sí es difícil, considerando la inflación interanual, los requisitos a cumplir y la cantidad de dinero que hay que destinar en ingresar a un departamento; ya alquilar en diciembre 2022 directamente parece imposible. En un contexto en el que el Salario Mínimo Vital y Móvil (que en diciembre es de $61.953) alcanza para cubrir sólo la totalidad de un alquiler (considerando que la media de los monoambientes ofertados en la ciudad es de $ 60.000, sin la suma de expensas), la situación se encuentra complejamente accesible.

Aún así, imaginando que todos los requisitos son cumplidos, la de manda por la vivienda en la Ciudad es tal, que la búsqueda de alquiler es actualmente un proceso de total hostilidad: malos tratos, abusos de inmobiliarias para con lxs inquilinxs, incumplimiento de la Ley y, ante todo, el sentimiento de desesperación que conlleva nada más ni nada menos que no poder acceder a un techo en el cual vivir.

De esta forma, la noción de alquilar adquirió la forma de una no-nueva técnica capitalista que nos mantiene deprimidos y a la intemperie, un motivo ostensible por el cual tantxs pibes visualizan un futuro con escasez de oportunidades y ejercen su decisión de consumo de manera efímera: atacando a las necesidades que la Industria Cultural despierte en el momento, dejando sin lugar ni relevancia el reclamo por una vivienda digna.